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Medicina filostriana

Forlayos

Fidy Dice
19 julio 2008

Medicina filostriana

enviado en Filostros |

Los buenos tiempos siempre se acaban, o eso me decía un pastor anglosajón acostumbrado a beneficiarse a sus ovejas. Durante mis inicios como camionera sideral descubrí que no es oro todo lo que reluce, ni todo lo light sabe a light.

Mi sueño era comprarme un camión propio, de estos con faros tintados de malva y el salpicadero rosa palo, pero las resonancias forlayanas de los átomos monetarios (especialmente las de mi cuenta bancaria), me hacían ver que sería una tarea harto difícil. Mi hemisferio cerebral derecho entró en discusión con el izquierdo y evaluaron juntos las posibles soluciones de una manera cuasifilostrópica. Llegaron a la conclusión de que tenía dos opciones claras: dedicarme a la medicina o al atraco a mano armada. Como entrar en la SGAE era bastante jodido, decidí que la mejor opción era ser médico.

Mi entrada en la Universidad Forlay fue deliciosamente estrambótica. Asistía a clases de manera irregular, sacando mi portátil Mac rosa chicle con forma de nube y tomando las anotaciones más relevantes que podía: la forma ovoide centrifucolar de la cabeza del profesor, los folios permanganúsicos de mi compañera de mesa, el vuelo danzante y temerario del moscardón agiliflautado que seguía los movimientos de la tiza en la pizarra… Al llegar la época de los exámenes, todos mis compañeros me pidieron los apuntes, pero me negué en redondo a prestárselos: obviamente, la culpa era suya por no haber prestado atención a nada más que a las palabras del insoportable y soberbio catedrático.

Ni que decir tiene que los exámenes los preparé con libros.

Como era una alumna misteriosamente aventajada (cosas de la foca, supongo), terminé la carrera en tres años en lugar de seis y me dediqué a hacer prácticas y doctorado al mismo tiempo. Me especialicé en cardiopatías pseudofrustulares y forlerayismos crónicos, cosa que a priori parece poco frecuente, pero no lo es. Mientras suturaba corazones afrustulados, mi mente viajaba cual caminante galáctico hasta mi amado camión, que me esperaba tranquilamente en el concesionario.

Al fin, llegó el día en el que compré el camión. Un hermoso día de diciembre, soleado y lluvioso, con un arcoiris cuanti-resonante que mostraba 18 colores en lugar de los 7 habituales. Tal era mi felicidad, que lo primero que hice fue mostrárselo a mis colegas del Hospital Clínico Forlayensis, atropellándolos a todos para salvarles la vida ipso facto con mis conocimientos en la materia. Nunca entendí por qué me expulsaron del Colegio de Medicina, pero a partir de ese día me dediqué a conducir mi camión por todas las cuantoautopistas.

Hay 3 refracciones interfásicas a “Medicina filostriana”

¿Por qué no dejas filindrular tu imaginación y plasmas tu pensamiento relativístico proyectándolo en un comentario? Tus filostros son de tanta calidad como cualesquiera, así que, ¡forlaya! Transmítenos lo que barruntas

  1. 1 El 22 de julio de 2008, Raskalakabra dijo:

    tengo los corazones afrustulados, ¿dónde he de pedir cita?

  2. 2 El 22 de julio de 2008, Kartoffel dijo:

    #1 Sólo tienes que dirigirte a la cuantopista correcta y esperar unos pocos tiempos de Planck

  3. 3 El 23 de julio de 2008, Raskalakabra dijo:

    #2 coñe que bien, aquí en madrid el tiempo de espera diverge positivamente

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