Tiempo ha, cuando los fenustrios siderales surcaban los cielos y la superficie estaba colonizada por ceusterios y bugallóridos, una pequeña población de forlayos primitivos se rebelaba contra el Dominio Frustular (posteriormente se convertirÃa en el Régimen Imperialista Flosculado, pero eso es otra historia).
Armados con simpostes y katanas cuánticas, desafiaron a los lÃderes de aquel entonces y los amenazaron con llevar a cabo acciones sÃsmicas que destrozarÃan los palacios imperiales de los gobernantes de la época. CabrÃa esperar que solo hubiera un palacio, pero el Dominio Frustular estaba conformado por 17 pseudoemperadores que se autoproclamaban a sà mismos Seres Omnipresentes Supremos Omniscientes y Solapantes (sÃ, sosos).
El Dominio se dividÃa en 17 provincias concéntricas que no tenÃan lÃmites fÃsicos, puesto que ocupaban todas el mismo espacio, pero sà teóricos, lo cual generaba abundantes conflictos a la hora de decidir a quién se le habrÃa de pagar el impuesto floscular.
Una persona podÃa estar al mismo tiempo en 9 de las 17 provincias (o eso afirmaban los cientÃficos de la época), por lo que la confusión generada entre los ciudadanos era tal que apelaban a los fenustrios para que se los llevaran con ellos.
Siguiendo con el tema, los forlayos decidieron poner fin a una dictadura múltiple solapada con lucha armada, amenazas y guerra de ardillas (precursora de la actual guerra de guerrillas). Los 17 pseudogobernantes se encerraron en sus respectivos hogares y ordenaron a todo el ejército que se encargase de su protección.
Obviamente, solo habÃa un ejército que, pese a recibir la misma orden de los 17, consideró que lo mejor serÃa dividir sus fuerzas y asà satisfacerlos a todos. Esa fue la razón por la que, cuando los forlayos rebeldes asaltaron cada uno de los palacios, solo se encontraron con una decena de soldados que vigilaban activamente la entrada principal. Los forlayos entraron por la puerta de servicio.
Hasta aquà todo habÃa sido normal; sin embargo, los lÃderes habÃan utilizado su escaso ingenio para escapar por un túnel secreto que, como todo buen habitante de la zona sabe, conducÃa al Palacio Central Tentacular, lugar de veneración de falsos dioses y dioses no tan falsos. Haber sido engañados desató la ira de algunos forlayos y las trenzas de otros, por lo que decidieron llevar a cabo sus amenazas sÃsmicas.
Rodeando el Palacio Central Tentacular, cada forlayo ató su kilométrica melena a la de su compañero, generando una corriente denso-capilar vibratoria que provocó el terremoto más terrorÃfico de la historia de la Humanidad. El seÃsmo destrozó el Palacio Central, los palacios imperiales y todas y cada una de las diecisiete provincias, terminando asà con los dictadores frustulares y con la represión del pueblo.
Naturalmente, no quedó nadie vivo para contar la historia, asà que nunca se sabrá si es verÃdica o no.