Las tres leyes de la bobótica son un conjunto de normas en un espacio de Hilbert esculpidas en la piedra por un tal Isa²c A-sÃ-mev, conocido aun más por su pingoneo en antros cuánticos.
En ese hiloverso, las leyes son “formulaciones matemáticas impresas ( GPL versión Pi ) en los senderos positrónicos del memoricio” de los bobot (lo que hoy llamarÃamos roscón de reyes).
Estas són las tres leyes:
1. Un bobot no debe dañar a un ser humano (forlayer o no) o, por su mÃnima inconstante de Planck, dejar que un ser humano sufra daño troncoanal.
2. Un bobot debe obedecer y obedece las órdenes escritas en basic que le son dadas por un ser humano, excepto si es un humano con bigote que dominó (como cual ficha del mismo juego) cierto pais de una ultradimensión superior, además estas órdenes del humano no serán cumplidas si entran en conflicto con la Primera Ley.
3. Un bobotdebe proteger su propia existencia(asi que nada de forlayear cuando pestañea en sitios deshonestos) , hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Existe un ley cero pero eso no lo puedo demostrar por falta de margen en este forlayo.
La enfermera que nos atendÃa era una mezcla de Morgan Fairchild y Chuck Norris, musculosa pero elegante, y su carácter solÃa sorprendernos por lo inapropiado que nos resultaba. Llevaba una falda muy corta y ceñida a sus potentes piernas de un metro-quince centÃmetros (de diámetro) y su idea de diversión era atar de una cuerda a sus pacientes mientras les hacÃa tararear canciones de Georgie Dann.
Mi vecina de enfrente (recluida por propia voluntad tras la aparición del cadáver de su marido colgado de un árbol por el dedo gordo del pie) era una forlayana conspirante y la cabeza pensante de todo el asunto. Tras abastecernos con un condensador de refluzo piramidal, una lanza orbital y una guirnalda fosforescente, engendramos el plan más diabólico al que se tuvo que enfrentar la enfermera Chorgan.
Utilizando de cebo al gigante encogido, la atrajimos hacia una junta de presión trocolar que hizo saltar todo el mecanismo: la junta movió la trócola, que filistró la lanza, que activó el condensador, que solapó la guirnalda que se deslizó sobre la cabeza de la enfermera maldita. Soy consciente de que fue demasiado cruel y despiadado, pero la situación lo requerÃa y en la Guerra no hay tiempo para contemplaciones.
CorrÃa el año 1965 cuando en la Huerta de Tudela, un humilde campesino llamado Salutariano lanzaba vÃtores hacia la figura del entonces jefe del HESTADO HOPRESOR HESPAÑOL Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde en el dÃa de su aniversario de llegada al poder: